Un fallo protege la identidad tras validar la filiación biológica en Bariloche, marcando un precedente fundamental al distinguir entre la herencia genética y la historia de vida. La resolución permite que una mujer conserve el apellido de quien la crió, a pesar de que una exhumación confirmó su verdadera filiación biológica tras más de cuatro décadas.
Durante años, la protagonista llevó el apellido de un hombre que la reconoció como hija y ejerció el rol paterno, consolidando un vínculo indisoluble. Sin embargo, la búsqueda de sus orígenes la llevó a iniciar una acción de filiación que, mediante un estudio del Laboratorio Regional de Genética Forense, arrojó una probabilidad del 99,99 por ciento de paternidad respecto a otra persona ya fallecida.
Un fallo protege la identidad más allá de la genética
Ante la contundencia de la prueba científica, el proceso judicial enfrentó el desafío de determinar si la verdad biológica debía desplazar automáticamente la identidad registral. Mientras parte de la familia del padre legal cuestionaba la continuidad del apellido, la magistrada interviniente priorizó una visión integral del derecho a la identidad.
«La identidad de toda persona no se reduce a una carga genética, sino que se nutre de los vínculos afectivos, las experiencias compartidas y el reconocimiento comunitario que cada individuo construye a lo largo de su existencia», subrayó la jueza en su sentencia.
El derecho a ser quien uno es
El tribunal determinó que, si bien el resultado del ADN era irrefutable para establecer el origen, no poseía la facultad de borrar la trayectoria vital ni el lugar central que el padre de crianza ocupó en su historia. La resolución protege la integridad emocional de la mujer, reconociendo al progenitor biológico sin obligarla a desprenderse de su apellido de toda la vida.
Esta decisión reafirma el compromiso de la justicia con la complejidad de las relaciones humanas, validando que el derecho a la identidad es, ante todo, el derecho a ser quien una es, integrando tanto el origen como el camino recorrido. De esta manera, el fallo no solo desplaza el vínculo jurídico anterior para dar lugar a la verdad biológica, sino que garantiza la protección de un nombre que representa un componente esencial de su propia historia.

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