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Crónica Barilochense: Recuperar la historia

La familia Buenuleo lucha por recuperar sus tierras que fueron adquiridas por el empresario Emilio Friedrich en una transacción poco transparente. Desde el pie del cerro Ventana resisten, educan, comparten sus costumbres y reivindican la cultura de la Nación Mapuche.

En un poste clavado en un prado de margaritas ondeaba vigorosa la bandera de la nación Mapuche: roja, negra, blanca, azul, verde y amarilla. Detrás una casita de madera y al fondo, siguiendo el camino, la familia de la comunidad Buenuleo preparaba una comida típica de su cultura, curanto sobre la tierra.

Recuperar la historia
Momentos de Preparación del Curanto

—¡Acérquense, para que vean como se hace un buen curanto! —15 personas rodearon al abuelo de unos 70 años que llevaba un facón en el cinturón y un sombrero marrón que lo protegía del sol mañanero. El hombre movía las brasas con un palo y Lucas, un chico de unos 20 años, preparaba las hojas de nalca en un balde con agua y las ponía encima.

—¡Cuidado que voy! —gritó Nehuen, su hermano más chico que sostenía con los brazos flacos una bandeja repleta de carne que depositó sobre las nalcas húmedas. Su mamá Deolinda se acercó con zanahorias, papas, zapallos verdes y los acomodó entre los chorizos.

—Vení, hijito —llamó una mujer joven de cuerpo redondo a su hijo de unos 10 años que llevaba un trarilonco, o vincha de lana, en la cabeza —.Para que veas como se hace el curanto —Lucas y Nehuen taparon la comida con las hojas de nalca restante y luego cubrieron todo con tierra negra.

—¿Por qué hacen eso, mamá?, ¿No se ensucia con tierra?

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Mientras se cocina

—No —sonrió —.Por eso lo tapan con esas hojas. Ahora se queda ahí tres o cuatro horas y vamos a poder comer.

—¿Empezaron sin mi? —bromeó Piti, la mamá de Facundo Jones Huala.

—PITI, VINISTES —Deolinda la abrazó con fuerza —.Que bueno que estás acá lamnguen, hoy es un día muy especial para nosotros —la familia Buenuleo organizó el curanto para celebrar que pudieron detener el desalojo y permanecer en sus tierras recuperadas.

El conflicto

Donde comienza el vertedero municipal, a mano izquierda en dirección a El Bolsón, hay una calle de ripio que, si conducían los dos kilómetros que hay hasta la escuela 329, se encontraban con Ramiro y Deolinda Buenuleo.

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—Por acá —gritó Deolinda mientras agitaba los brazos.

—Buen día a todos —saludó una mujer bajita de lentes.

—Bueno gente, ahora se acomodan todos los que están y siguen esa camioneta —Ramiro apuntó la 4×4 donde iba su hermana Deolinda. Las 10 personas que habían llegado se repartieron en los autos y emprendieron la marcha —. Yo me voy a quedar por acá, a ver si llega alguien más —se acomodó la boina y se sentó a tomar mates con otros tres hombres.

El camino era sinuoso y el primer tramo estaba rodeado de casas que de a poco iban desapareciendo. En un terreno repleto de materiales de construcción un perro atado a un poste junto a la calle le ladraba a los autos que pasaban, más adelante una casa blanca era la que marcaba el final del barrio Pilar II y detrás de ella se alzaba el monte.

Los arbustos y los árboles bordeaban el camino estrecho y de a poco todo el verde se llenaba de lupinos blancos, violetas y rosados hasta llegar al río Ñireco. Los autos cruzaron despacio pero sin problemas el primer brazo del río, en el segundo tuvieron más precaución ya que a la derecha había una piedra filosa de un metro de alto y atrás dos pozones. Unos cincuenta metros más adelante había una casa rodante y frente a ella un prado verde que marcaba el inicio de las 90 hectáreas de Pampa de Huenuleo, el territorio de la familia Mapuche.

En septiembre de 2019 la familia Buenuleo decidió, luego de cinco años, recuperar las tierras que le pertenecían a su abuelo, bisabuelo y Lonko de la comunidad, Antonio que murió en Agosto de 2014. El 18 de octubre les informaron que se había emitido una orden de desalojo y que contaban con 72 horas para abandonar sus tierras o la fuerza pública podía intervenir. Gracias a la lucha y el apoyo de otras comunidades y organizaciones sociales, pudieron frenar el desalojo que parecía inminente.

Recuperación Ancestral

—Nosotros nunca vimos el famoso boleto de compraventa —Deolinda que estaba ubicada en medio de la ronda sorbió el mate —. Friedrich ocupó nuestras tierras y se justificó diciendo que tenía un boleto de compraventa pero nadie sabe dónde está —dijo con voz serena a las 30 personas que la rodeaban.

—Eso fue en 2014 —aportó Ramiro —.Según nos han informado los abogados, el empresario este —dijo en referencia a Emilio Fiedrich que, según declaró, compró la tierra en 2009 a Claudio Thieck, quien está implicado en negociaciones fraudulentas con tierras ancestrales y estatales, que se las había comprado a Antonio Buenuleo en 2001 —compró las 90 hectáreas por 30.000$, ¿Quién consigue 90 hectáreas por esa plata? —preguntó haciendo un gesto con las manos.

El día que decidieron recuperar Pampa de Huenuleo, que está ubicada en la ladera del cerro ventana, fueron amenazados por un grupo de personas con cuchillos y armas de fuego.

—Nos quisieron desalojar a los tiros, nos gritaron que nos iban a matar mientras agitaban sus cuchillos —Deolinda se acomodó el pañuelo marrón de flores violetas que le cubría el pelo —. Pero no es algo que paró, siguen las amenazas, ¿O no Lucas?

—Sí, el otro día que iba para el barrio y empezaron a disparar tiros para el cielo —afirmó Lucas, el hijo de Deolinda, un chico de unos 20 años.

El boleto de compraventa que Emilio Friedrich presentó como prueba de que Pampa de Huenuleo le pertenece está firmado por el escribano Ernesto Repetur, quien ha sido acusado en múltiples ocasiones por ventas fraudulentas de tierras como en Colonia Suiza y en Mallín Ahogado. El escribano, en 2012, atacó a un grupo de manifestantes que marchaban en contra de la megaminería, primero les tiró el vehículo encima, después se bajó y le rompió la mandíbula a golpes a uno de ellos.

El 10 de diciembre el Tribunal de Impugnación hizo lugar al recurso presentado por la defensa y revocaron el desalojo a la Comunidad Buenuleo, también se declaró la incompetencia del poder judicial de Río Negro por lo que la causa se elevó la justicia federal. Esto significa más tiempo para la comunidad ya que el proceso se vuelve más largo. De ahora en más hay al menos dos posibles escenarios  si el proceso continúa: que la familia Buenuleo sea acusada de violar la propiedad privada y la Ley 22.351 de Parques Nacionales . Por otro lado, la familia se ampara en la ley 26.160  que reivindica el derecho de las comunidades indígenas a ocupar las tierras que históricamente les pertenecen y que sean reconocidos como dueños de las 90 hectáreas.

Misawün, compartir la comida y estrechar los lazos

Una nena de unos cuatro años levantó a su gato gris atigrado del pasto y corrió hacia el fondo del patio. Allí todos rodeaban al anciano de sombrero que comenzó a retirar la tierra con ayuda de otros dos jóvenes que luego enrollaron la tela y descubrieron el curanto ya listo.

—YAYAYAYAYAYAYAYYYYYYYYYYYYYY —gritaron mientras agitaban los brazos sobre la cabeza.

—Todos agarren un plato y arrímense, sírvanse lo que quieran —Deolinda se acomodó el küpam, la tela negra que le cubría el cuerpo hasta los tobillos como un vestido, y con una sonrisa invitó a todos a acercarse al curanto.

Recuperar la historia

—Esta carne está sabrosa, tiene como sabor ahumado —afirmó una mujer rubia de ojos claros mientras engullía un trozo de carne vacuna.

—¿Y las papas? —replicó otra de cabello marrón rojizo que estaba sentada sobre un tronco seco —. D E L I C I O S A S.

—¿ Qué río es el que cruza por acá? —preguntó una bonaerense que llegó hace poco a la ciudad.

—El Ñireco —respondió Piti, la mamá de Jones Huala —. Es un brazo del río, desemboca por allá —apuntó hacia el camino por donde se entra al predio —, en dos piletones grandotes que son los que llevan el agua a medio bariloche.

—Hasta la 25 de mayo —respondió Lucas —, así que todos los que toman agua hasta esa calle es el agua de acá —sonrió.

— ¿Y en invierno es muy difícil la vida acá? —preguntó una mujer menuda de lentes.

—Es difícil si no estás preparado —afirmó con voz ronca un anciano que vestía saco y camisa —. Cuando Friedrich ocupó este territorio hizo un movimiento de tierra allá arriba —señaló la colina —, eso provocó que en invierno hubiese un alúd.

—¿Por qué hizo eso? —preguntó un hombre alto que vestía bombacha de campo. El anciano se encogió de hombros.

—Lo que sé es que la Mapu —refiriéndose a la madre tierra que es muy importante en la cosmovisión Mapuche —está enojada, y si la seguimos molestando va a enojarse más. Nosotros tenemos que vivir en armonía con la Mapu, con la naturaleza, y agradecer lo que ella nos da.

Cerca de las seis de la tarde muchos comenzaron a despedirse después de compartir una ronda, bastante larga, de mates. Entonces Ramiro se levantó y se sacudió el pasto de las rodillas.

—Antes de que todos se me escapen quiero proponer que hagamos un afafan —que es un grito colectivo para pedir fuerza y protección.

—YAYAYAYAYAYAYAYAYAYYYYYYYYY — gritaron todos al unísono.

—PRRRRRRPRPRPRRPRPRPR —respondía la trutruca, un instrumento de viento hecho de colihue forrado en lana y un cuerno vacuno que funciona como trompeta.

—MARICHIWEU —es decir, cien veces venceremos.

—MARICHIWEU —se despidieron entre aplausos y lágrimas de alegría.

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