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La senadora Ana Marks sobre la reforma laboral y las mujeres

En el marco de un nuevo 8 de marzo, la senadora nacional Ana Marks analiza el impacto de la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei y advierte sobre sus consecuencias en el empleo, las tareas de cuidado y el sistema previsional. En esta columna de opinión, plantea que las modificaciones laborales profundizan desigualdades existentes y afectan especialmente a las trabajadoras.
reforma laboral y las mujeres
Imagen generada con Inteligencia Artificial solo a fines ilustrativos.

El viernes fue promulgada y entró en vigencia la reforma laboral del Gobierno de Javier Milei. En este nuevo 8 de marzo, resulta imprescindible analizar el impacto de la reforma laboral y las mujeres en nuestro país.

Esta reforma, lejos de modernizar las relaciones de trabajo y de garantizar nuevas fuentes de empleo, inicia en la Argentina un nuevo ciclo de flexibilización laboral, similar a los desarrollados durante la última dictadura militar, la década del 90 y los gobiernos de De la Rúa y Macri.

La revisión de la historia nos muestra que los períodos con leyes flexibilizadoras fueron aquellos caracterizados por el incremento del desempleo, la mayor precariedad laboral y los peores salarios en nuestro país.

La lógica es que a mayor flexibilización, peores condiciones de trabajo y mayor cantidad de despidos.

La flexibilización laboral genera trabajadoras y trabajadores peor pagos y más fáciles de despedir. Una lógica donde ganan los empleadores, en detrimento de quienes producen la riqueza de nuestra nación.

En este contexto, y en un nuevo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora que rememora nuestras luchas históricas en el acceso a derechos laborales, cabe preguntarnos cuál es el impacto específico de esta reforma en nosotras, en nuestras vidas y nuestras trayectorias de empleo y desempleo.

Las mujeres somos las más excluidas del trabajo.

Las últimas estadísticas desarrolladas desde el Estado Nacional demuestran una tasa de actividad notablemente menor de las mujeres (50,7 %) en relación a la tasa de actividad masculina (70,1 %).

Y cuando logramos acceder al empleo, somos las más flexibilizadas, con los índices más altos de informalidad laboral y con menor salario.

En 2026, las mujeres cobramos hasta un 28 % menos que los varones en el desarrollo de iguales tareas laborales.

Esta reforma, lejos de atacar estas desigualdades, afecta notoriamente la reforma laboral y las mujeres trabajadoras y profundiza aún más las brechas existentes.

El banco de horas y las tareas de cuidado

Esta ley vendida bajo el título de “modernización” eludió entender un detalle fundamental de la vida actual de nuestra sociedad.

Según los datos del INDEC (Año 2025), entre 1980 y 2025 la participación laboral femenina creció del 27 % al 51,6 %.

Las mujeres, que antes nos quedábamos en la casa a desarrollar las tareas de cuidado, hoy trabajamos y somos un componente central de la sostenibilidad económica de los hogares.

Pero además de trabajar, las mujeres seguimos concentrando mayormente las tareas de cuidado.

Las cuales se convierten en una sobrecarga laboral que implica doble y a veces triple jornada de trabajo femenino.

Según INDEC, en 2021 el 91,7 % de las mujeres realizaba tareas de cuidado dedicando casi el doble de tiempo diario a cuidar que los varones.

El banco de horas creado por esta ley implica que el empleador podrá disponer con flexibilidad de nuestro tiempo.

Esta jornada de trabajo dinámica es absolutamente incompatible con las tareas de cuidado, ya que desorganiza y restringe la disponibilidad de nuestro propio tiempo.

Esto afecta especialmente a los hogares monomarentales.

¿Cómo hará una madre a cargo de sus hijas e hijos para buscarlos en la escuela el día que su jefe le exija trabajar 12 horas?

¿De qué le sirven dos horas libres al día siguiente si su vida familiar se ve sometida a semejante caos?

Ello sin contar que el fin de la hora extra paga deteriora aún más el salario.

El cual, valga señalar, se va a ver también afectado por la figura del salario dinámico, habilitando bajas salariales discrecionales.

También el fraccionamiento de las vacaciones va en línea con esto.

La nueva normativa permite al empleador el fraccionamiento de las vacaciones y la época del año.

¿Cómo van a hacer las familias durante el receso escolar?

¿De qué le sirve a una trabajadora sus vacaciones en el mes de abril y hacer malabares en julio o en enero cuando sus hijos están fuera del período escolar?

Nada tiene de moderno una reforma que promueve el caos entre relaciones laborales y relaciones de cuidado.

El período de prueba en el trabajo doméstico

El trabajo doméstico en Argentina es desarrollado casi en su totalidad por mujeres.

La tasa de feminidad del sector es del 97 % y tiene un índice de informalidad cercano al 40 %.

Por todo esto es un sector que debe ser protegido con políticas de empleo a fin de estimular mejores condiciones de regulación y de derechos.

¿Qué ha hecho esta reforma laboral?

Exactamente lo contrario.

Amplía el período de prueba de las trabajadoras de casas particulares de 30 días a 6 meses.

Esto implica que el empleador durante esos seis meses podrá despedir sin indemnizar.

Una herramienta para estimular el despido y la no formalización.

Esta medida no hace más que agravar una situación ya crítica.

En 2024 ya se perdieron 28.800 puestos de trabajo no registrados y 15.521 registrados.

En este contexto se vuelve evidente cómo la reforma laboral y las mujeres vuelve a impactar de manera desproporcionada en los sectores más precarizados del empleo.

Sistema previsional y futuro de las trabajadoras

Esta ley contiene en su interior una enorme transferencia de recursos de las y los jubilados a los fondos de asistencia laboral.

Los cálculos hablan de 4,6 billones de pesos anuales que dejarán de ingresar al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).

Todo ese dinero será derivado a fondos de capitalización similares a las AFJP.

Con ellos se pagarán las indemnizaciones, haciendo gratuitos los despidos para los empleadores.

Este desfinanciamiento del sistema previsional tendrá enorme impacto en el futuro de las jubiladas y jubilados.

Y las mujeres también seremos las mayores perdedoras de este nuevo sistema.

Las más excluidas del trabajo formalizado somos también las más excluidas del sistema previsional.

Nueve de cada diez mujeres llegan a su edad jubilatoria sin los aportes necesarios para jubilarse.

Con el fin de las moratorias previsionales en marzo de 2025, el 90 % de las mujeres enfrenta serias dificultades para jubilarse.

La única alternativa es la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM).

Una prestación económica sustancialmente menor que la jubilación mínima.

Y que además eleva la edad de acceso a los 65 años.

Somos las mujeres las que cobramos las prestaciones más precarias del sistema previsional.

Por ello también somos quienes requerimos políticas previsionales con perspectiva de género.

Ejemplo de ello fueron el Programa de Reconocimiento de Aportes por Tareas de Cuidado (2021) y las moratorias jubilatorias implementadas en los gobiernos donde Cristina Fernández de Kirchner fue presidenta y vicepresidenta de la Nación.

Nada de esto tendrá lugar en un sistema previsional desfinanciado.

Un sistema que inicia a través de los FAL un nuevo proceso de privatización.

La reforma laboral y las mujeres que sí necesitamos

Esta reforma laboral no nos tuvo en cuenta.

Al contrario, nos perjudica y restringe nuestros derechos laborales básicos.

Aquellos por los que venimos luchando hace siglos.

Es claro que hace falta revisar las relaciones del trabajo con perspectiva de género.

Necesitamos legislación laboral que revise las licencias por nacimiento.

Que contemple nuevos esquemas de licencias para padres, que hoy cuentan con apenas dos días.

Que contemple licencias por nacimiento y adopción tomando en cuenta todos los tipos de composiciones familiares.

Que reduzca la jornada laboral como lo está haciendo el resto del planeta, en lugar de aumentarla.

Y que se trabaje en la relación empleo–cuidado.

Necesitamos legislación que rompa las brechas de género que nos impiden cobrar igual remuneración por igual tarea.

Y aquellas que nos impiden acceder a cargos jerárquicos bajo prejuicios de género.

Necesitamos un sistema previsional fortalecido y con perspectiva de género.

Un sistema que contemple una realidad evidente: la tasa de natalidad está bajando y la expectativa de vida está aumentando.

Y en este cálculo, las mujeres también vivimos más años.

Los desafíos son enormes.

El debate impulsado por Javier Milei no tomó en cuenta ninguno de estos puntos.

Esta reforma laboral fue impulsada para precarizar, no para modernizar.

Por eso hoy, en este nuevo 8 de marzo, debemos seguir alzando nuestra voz en defensa de la reforma laboral y las mujeres, porque de ello depende el futuro de nuestros derechos.

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