Nota Editorial

¿Qué está pasando con la educación pública de Río Negro bajo el gobierno de Alberto Weretilneck?

Sergio Fontana Yusef · 27 de septiembre de 2026

Desde Bariloche En Redes analizamos el deterioro estructural que atraviesa el sistema de enseñanza provincial. Más allá de los conflictos gremiales y las deficiencias edilicias, esta editorial advierte sobre una crisis de gestión que compromete la igualdad de oportunidades. Cuestionamos la falta de respuestas del gobierno de Alberto Weretilneck ante una acumulación de problemas que, lejos de ser aislados, exponen una preocupante desatención sobre el futuro de miles de estudiantes rionegrinos.

Hay momentos en los que una sociedad debería detenerse y observar lo que ocurre delante de sus propios ojos. La educación pública de Río Negro atraviesa uno de esos momentos.

No hablamos solamente de salarios docentes ni de conflictos gremiales. No nos referimos únicamente a escuelas que necesitan reparaciones o a docentes que esperan jubilarse tras décadas de trabajo. Estamos hablando de algo mucho más profundo: qué sucede con el sistema educativo público de Río Negro y qué lugar ocupa dentro de las prioridades del gobierno de Alberto Weretilneck.

La pregunta no surge de un hecho aislado, sino de años de situaciones que, desde Bariloche En Redes, hemos registrado y que hoy forman parte de una misma preocupación. Resulta imposible ignorar que los problemas edilicios son la parte visible de esta realidad: una escuela sin calefacción, un baño que no funciona, una instalación deteriorada o una comunidad que reclama porque el edificio no reúne las condiciones necesarias para enseñar y aprender. No hace falta ser especialista para comprender que un estudiante no debería cursar en condiciones que su propia comunidad considera inadecuadas.

El deterioro de los edificios también habla de la educación pública

En Bariloche y en la región Andina hemos informado durante los últimos años sobre diversas situaciones de infraestructura escolar. La Escuela 16, la Escuela Laboral Nº 6, el CET Nº 2, la Escuela 152 de Cerro Alto y otros establecimientos aparecen en ese registro, cada uno con sus particularidades. Cuando los problemas edilicios se repiten en distintos establecimientos, dejan de ser una sucesión de casos individuales para convertirse en una discusión sobre el funcionamiento del sistema.

El Gobierno provincial sostiene que la educación es una prioridad y ha anunciado inversiones, obras y programas de mantenimiento. Entonces, la pregunta resulta inevitable: ¿cómo se explica que, pese a los anuncios, las comunidades educativas continúen reclamando por problemas básicos que afectan el funcionamiento cotidiano de sus escuelas? No alcanza con anunciar una obra o asignar una partida presupuestaria; la educación pública se mide también en el estado concreto de las escuelas donde todos los días entran nuestros hijos.

Los docentes también forman parte de esta realidad

Quienes sostienen el sistema todos los días son los docentes. Durante años, la discusión quedó atrapada entre el Gobierno y el gremio, entre salarios y medidas de fuerza. Sin embargo, reducir el problema educativo a una cuestión salarial es demasiado sencillo. Los docentes son trabajadores que están frente a nuestros alumnos; las condiciones en las que trabajan forman parte inseparable de las condiciones en las que se desarrolla la educación. Cuando un conflicto se prolonga, cuando una comunidad reclama o cuando una institución no puede funcionar normalmente, las consecuencias llegan al aula, a los alumnos, a las familias y a quienes sostienen económicamente el sistema desde el Estado provincial.

¿Y qué ocurre cuando falta matrícula?

Otra discusión necesaria es la reducción o el cierre de cursos argumentando falta de matrícula. Una planilla puede mostrar determinada cantidad de alumnos, pero detrás de ese número hay personas. Cuando se decide cerrar un curso, modificar una estructura escolar o reducir una oferta educativa, se está tomando una decisión sobre cómo se organiza la educación pública. Esas decisiones merecen ser discutidas públicamente, porque una educación pública que pierde infraestructura, enfrenta conflictos laborales y debe discutir permanentemente sus cursos no puede ser analizada solamente desde un presupuesto anual. Hay que mirar qué sistema se está construyendo.

Ahora también están los docentes que esperan jubilarse

Como si esto fuera poco, aparece un nuevo frente: quienes, tras décadas frente a un aula, llegaron al momento de jubilarse. El gremio docente denuncia problemas vinculados con la regularización de aportes previsionales y demoras en el acceso a las jubilaciones. La convocatoria que llegó a Bariloche plantea esta situación y reclama por jubilaciones dignas. Existe una cuestión elemental: una persona que trabajó durante décadas tiene derecho a esperar que el Estado responda. Si existen diferencias entre organismos, problemas administrativos o cuestiones vinculadas con convenios, deberán resolverse, porque detrás de cada expediente hay una vida de trabajo.

¿Son todos problemas separados?

Esta es, quizás, la pregunta más incómoda: ¿estamos frente a problemas aislados o ante distintas manifestaciones de un problema más profundo? No corresponde decir que todos estos conflictos tienen una única causa, pero tampoco mirar cada uno por separado y hacer de cuenta que los demás no existen. Está el docente que reclama, la escuela que necesita obras, la comunidad que exige condiciones, el curso cuya continuidad se discute y el docente que espera jubilarse. Y están los alumnos, quienes reciben finalmente las consecuencias de las decisiones que toman los adultos.

¿Qué educación pública estamos dejando?

Hay una cuestión más profunda que deberíamos discutir como sociedad. Quienes tienen recursos pueden buscar alternativas en la educación privada, pero ¿qué ocurre con las familias que dependen de la pública? ¿Qué sucede si el deterioro continúa? ¿Estamos construyendo una educación pública cada vez más limitada para quienes no tienen otra alternativa? La educación pública es una herramienta de igualdad y, cuando se deteriora, el problema afecta las oportunidades y el futuro de toda la sociedad.

Esta discusión excede a un gobierno, a un gremio y a una elección, pero tiene un responsable político concreto: Alberto Weretilneck. Las decisiones sobre educación pública, infraestructura, presupuesto y administración no ocurren en el vacío. Desde Bariloche En Redes hemos intentado, en numerosas oportunidades, obtener respuestas de los funcionarios frente a los problemas informados, pero en muchos casos no las obtuvimos.

Esta editorial no nace de una sola escuela, de un solo reclamo o de una sola entrevista. Nace de mirar hacia atrás y encontrar una sucesión de situaciones que, con el paso del tiempo, no desaparecen, sino que se acumulan. Si esto es lo que documentamos en Bariloche y la región Andina, la pregunta final es todavía más grande: si esto ocurre aquí, ¿qué está sucediendo en el resto del sistema educativo rionegrino? Esa es la discusión que, como sociedad, debemos profundizar y resolver.

Notas Relacionadas

¿Qué te parece lo que dice la nota?
COMENTÁ acá mismo