Barrio 150 Viviendas

Obras en el mallín El Abrazo enfrentan a vecinos

Sergio Fontana Yusef · 31 de agosto de 2026

La propuesta de urbanizar un mallín barilochense abrió un debate que va mucho más allá de una calle. En “Comenzando La Mañana”, de Bariloche En Redes, el concejal Leandro Costa Brutten, la referente ambiental Corina Gómez y la presidenta de la Junta Vecinal de las 150 Viviendas, Daniela Gaspar, expusieron sus argumentos sobre una intervención que enfrenta la necesidad de conectividad con las consecuencias de avanzar sobre un área de mallines.

Las obras en el mallín El Abrazo volvieron a poner en discusión un proyecto de urbanización en una zona del Este de Bariloche. Allí se cruzan dos cuestiones: la necesidad de generar conectividad para los barrios y la preocupación por el impacto de intervenir sobre un área de mallines donde ya existen viviendas afectadas por el comportamiento del agua.

Carta Orgánica Bariloche

El conflicto comenzó a mediados del año pasado, cuando una propuesta vinculada con un emprendimiento habitacional llegó al Concejo Deliberante. Desde entonces, el proyecto incorporó nuevos cuestionamientos y terminó con una presentación judicial vinculada con los trabajos que se estaban realizando en el sector.

Por “Comenzando La Mañana”, el matutino de Bariloche En Redes, pasaron quienes son protagonistas de esta situación: el concejal Leandro Costa Brutten, la referente ambiental de las 112 Viviendas, Corina Gómez, y la presidenta de la Junta Vecinal de las 150 Viviendas, Daniela Gaspar.

Las posiciones expresadas en las entrevistas permiten conocer las distintas preocupaciones que rodean al proyecto: desde quienes consideran necesaria la conectividad hasta quienes advierten sobre las consecuencias que podría tener la urbanización del mallín.

Obras en el mallín: el planteo ambiental

Corina Gómez explicó que la intervención actual está vinculada con un proyecto privado que contempla la construcción de 49 viviendas. Según señaló, el diseño que pudo conocer ubica parte de esa urbanización sobre una zona que identifica como mallín y una laguna estacionaria.

La referente ambiental cuestionó además que el sector pueda ser tratado como un terreno convencional para desarrollar una obra urbana. Según explicó, existen vertientes y ojos de agua y el comportamiento del suelo hace que el agua pueda modificar su recorrido.

Para Gómez, esa característica tiene una consecuencia directa sobre quienes ya viven en el entorno.

“Nosotros actualmente estamos afectados las viviendas. Tenemos ojos de agua, tenemos humedad en las paredes”, señaló.

La vecina relató que en su vivienda tiene placas de humedad y rajaduras que debe reparar periódicamente. También mencionó casos de vecinos que tienen vertientes de agua dentro de sus casas.

Su preocupación es que una nueva intervención sobre el mallín pueda incrementar esos problemas. Explicó que el suelo funciona como una esponja y que, al ser comprimido por una urbanización, el agua continúa circulando y puede buscar otros recorridos.

La conectividad que reclaman los vecinos

Daniela Gaspar plantea la situación desde la necesidad de los habitantes de las 150 Viviendas. La presidenta de la Junta Vecinal sostiene que el barrio necesita una conexión que permita mejorar el ingreso y egreso y que el reclamo lleva aproximadamente diez años.

“Nosotros como barrio sí estamos de acuerdo con la apertura de la calle”, afirmó.

Gaspar sostiene que la conexión no beneficiaría únicamente a las 150 Viviendas. Según explicó, permitiría mejorar la circulación hacia otros sectores del Este y atender una situación que el barrio arrastra desde hace años.

La dirigente vecinal también reconoce la importancia de preservar el espacio natural. Su planteo es que la necesidad de conectividad debe compatibilizarse con el cuidado del lugar.

Por eso reclama información técnica. Gaspar considera necesario que especialistas concurran al sector y expliquen qué puede hacerse, qué no puede hacerse y cuáles son las alternativas si la obra no resulta viable de la manera prevista.

“Que venga alguien y diga: esto sí se puede hacer”, planteó durante la entrevista.

El cuestionamiento llegó a la Justicia

Leandro Costa Brutten llevó el conflicto al ámbito judicial a partir de los trabajos que se realizaban con maquinaria municipal.

El concejal sostuvo que el municipio estaba utilizando maquinaria, trabajadores y recursos públicos para intervenir sobre un terreno privado. También cuestionó que el emprendimiento inmobiliario relacionado con el lugar no hubiera sido aprobado por el Concejo Deliberante.

A ese planteo sumó el convenio que, según explicó, habría sido celebrado entre el Ejecutivo Municipal y los propietarios del terreno. Costa Brutten sostuvo que ese acuerdo también requería autorización del Concejo.

El planteo incluyó además la cuestión ambiental. Según relató el concejal, la presentación incorporó elementos relacionados con el daño que podría producirse sobre el mallín.

La Justicia resolvió posteriormente una medida de carácter precautorio y ordenó que cesaran los trabajos de la maquinaria municipal sobre el terreno, según explicó Costa Brutten durante la entrevista.

La resolución constituye un nuevo capítulo dentro de un conflicto que ya había generado cuestionamientos políticos, ambientales y vecinales.

Una situación que viene de antes

Parte de la discusión actual tiene como antecedente la propia construcción de los barrios de la zona.

Gómez recordó que las 112 Viviendas fueron edificadas sobre un sector que originalmente presentaba características de mallín. Según relató, los problemas relacionados con el agua forman parte de la realidad de algunos vecinos y se fueron haciendo visibles con el tiempo.

Gaspar también hizo referencia a esa historia. Señaló que el sector donde actualmente se encuentran las 84, 112 y 150 Viviendas era originalmente una zona de mallines y que las casas ya fueron construidas allí.

Para la presidenta de la Junta Vecinal, esa realidad debe ser considerada al momento de resolver la situación actual. Las viviendas existen y, por lo tanto, también existe una necesidad concreta de mejorar la conectividad.

Gómez, en cambio, considera que justamente los problemas que ya enfrentan algunas viviendas deberían ser tenidos en cuenta antes de profundizar la urbanización.

La necesidad de información técnica

Las entrevistas dejaron expuesta otra cuestión dentro del conflicto: qué información técnica tienen los vecinos y cómo se determina qué intervención puede realizarse sobre el lugar.

Gómez señaló que vecinos de las 112 y 150 Viviendas participaron de reuniones con biólogos y otros profesionales para conocer las características del mallín. También afirmó contar con asesoramiento de geólogos, biólogos y especialistas en urbanismo.

Gaspar, por su parte, reclamó que especialistas expliquen directamente en el lugar cuáles son las posibilidades y las restricciones para realizar la obra.

Las dos posiciones parten de una preocupación común por encontrar una solución, aunque difieren en el modo de abordar el problema.

Para los vecinos que respaldan la conexión, la necesidad de mejorar la circulación permanece vigente. Para quienes cuestionan la intervención, esa necesidad no debería resolverse sin analizar previamente qué consecuencias puede producir sobre el mallín y sobre las viviendas que ya conviven con el agua.

Mientras la resolución judicial impide continuar los trabajos de maquinaria municipal alcanzados por la medida, la discusión sobre el proyecto de urbanización continúa abierta.

El conflicto ya no se limita a una obra puntual. Involucra la forma en que se desarrolla la ciudad sobre áreas de mallines, las necesidades de conectividad de barrios que ya están construidos y las condiciones ambientales y técnicas que deberían considerarse antes de avanzar sobre el lugar.

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