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Cuando Crecer duele – Parte II

En esta columna de opinión se retoma el análisis iniciado días atrás y advierte que el crecimiento de Bariloche se desarrolla en un contexto de violencia creciente, debilitamiento institucional y ausencia de respuestas políticas. A partir de hechos recientes y una cronología de episodios graves ocurridos en pocas semanas, el texto plantea una reflexión crítica sobre el rol del Estado, la dirigencia y la responsabilidad social frente a una crisis que ya no puede ocultarse.
Cuando Crecer duele
Imagen creada solo a fines ilustrativos con Inteligencia Artificial

Cuando el pasado 1 de marzo pusimos sobre la mesa la primera parte de este análisis —publicada en “Cuando crecer duele: un verano violento en Bariloche”— lo hicimos con la certeza de que estábamos tocando una fibra sensible. Cuando Crecer duele no es solo el título de aquella columna. Es también la descripción de una realidad que Bariloche intenta ocultar detrás de la postal turística.

La ciudad más importante de la Patagonia, convertida en un polo magnético tras la pandemia, vive hoy una expansión demográfica acelerada. Sin embargo, ese crecimiento no fue acompañado por un fortalecimiento institucional.

Bariloche no es solo la postal idílica que se vende al mundo. Es hoy la ciudad más importante de la Patagonia. Tras la pandemia recibió una oleada migratoria permanente que se suma al flujo incesante de turistas. Sin embargo, este crecimiento demográfico y económico tampoco fue acompañado por instituciones más fuertes. Al contrario, el combo de expansión sin planificación y un Estado en retirada está convirtiendo a nuestra casa en una trampa mortal para propios y ajenos.

Bariloche continúa en el oscuro túnel de la violencia y la indiferencia del Estado

En las últimas horas, el intendente Walter Cortés rompió el silencio. Su diagnóstico, lejos de traer tranquilidad, suena a simplificación. Sostiene que se trata de “hechos aislados” y que el flagelo principal es la droga en los jóvenes. Sin embargo, los datos cuentan otra historia.

Cuando Crecer duele

Desde finales de febrero hasta hoy, 15 de marzo de 2026, el relevamiento de los hechos publicados en la ciudad arroja una cifra alarmante. Se registraron 15 casos de violencia de mediana y gran escala. No son anomalías estadísticas. Es una tendencia grave que se consolida ante la mirada esquiva de quienes deben conducir.

En lo que va del año, en apenas dos meses y medio, llevamos registrados más de 50 casos reales de violencia. Aparecen en todas sus facetas: conflictos familiares, marginalidad, delitos y peleas que terminan con muerte.

La cronología reciente de la violencia

Señalamos solo algunos casos y los ordenamos cronológicamente.

  • 02/03/2026 – Un hombre de 53 años amenazó durante varios días a vecinos del barrio Virgen Misionera con armas de fuego. El hecho demoró jornadas en ser neutralizado. Al momento de la detención se secuestraron armas blancas y armas tumberas.
  • 04/03/2026 – Un hombre intentó robar en un supermercado y se enfrentó al guardia de seguridad en pleno centro, en Neumeyer y 20 de Febrero cerca de las 19 horas. El detenido era oriundo de Sierra Grande.
  • 04/03/2026 – Un hombre con tobillera electrónica robó de un auto una mochila con billetera y realizó compras antes de ser apresado.
  • 07/03/2026 – El asesinato de Tomás Alarcón. Fue apuñalado en el pecho por otro joven tras una discusión en el centro de la ciudad.
  • 11/03/2026 – Dos mujeres de 35 y 39 años fueron detenidas por robar productos de limpieza en un comercio de los kilómetros sobre avenida Pioneros.
  • 12/03/2026 – Disparos desde una camioneta hirieron a un menor de 14 años en el kilómetro 6 de Pioneros.
  • 13/03/2026 – Un hombre de 36 años fue hallado muerto en un baldío del kilómetro 6 en un hecho vinculado a un supuesto robo de vehículo.
  • 13/03/2026 – En un procedimiento en la vía pública detuvieron a un automóvil con un hombre y una mujer que portaban armas y drogas.

Estos episodios no son hechos aislados. Son síntomas de una crisis más profunda que atraviesa la ciudad. Cuando Crecer duele, las consecuencias aparecen primero en la convivencia cotidiana y en la seguridad de los barrios.

El juego de la responsabilidad ajena

Mientras tanto, desde la gobernación en Viedma el silencio es absoluto. El gobernador y su comitiva buscan respuestas en Nueva York, a miles de kilómetros de una fuerza policial que no alcanza. Además, se trata de una fuerza mal paga que sobrevive a fuerza de “adicionales”.

Es un ciclo perverso. El efectivo policial debe trabajar horas extra para llegar a fin de mes y cubrir sus deudas. Por lo tanto, sacrifica el descanso indispensable para una tarea de riesgo permanente. Sin salarios dignos ni herramientas, la seguridad termina siendo apenas una cáscara vacía.

Mientras tanto, vivimos en un país donde la falta de autocrítica se volvió receta oficial. Por un lado, en la esfera nacional se destruye mientras se culpa a la oposición. En cambio, en la provincial el gobernador se trenza en disputas verbales con las fuerzas públicas y las acusa de hacer política.

Al mismo tiempo, en el ámbito municipal el intendente reparte responsabilidades entre jueces y la falta de agentes provinciales. Sin embargo, reclama fuerzas federales como un parche para una herida que sangra desde adentro.

El desamparo es total. La prevención no se reduce a más patrulleros. Es dignidad salarial. Es la creación de una guardia urbana que proteja al turismo para liberar a la policía en los barrios. Y, además, es contención social.

El paso previo a la intervención policial debe darse en la casa, en el club de barrio y en el trabajo cotidiano con cada junta vecinal.

Si no les damos a nuestros jóvenes la posibilidad de aprender un oficio o practicar deporte, el resultado es previsible. Además, si el sistema educativo ofrece paritarias vergonzosas a docentes que sostienen la escuela pública como pueden, estamos empujando a los pibes hacia contratos leoninos con los “tranzas” de turno para poder comprarse un par de zapatillas.

Una provincia acéfala y una ciudad sitiada

Duele decirlo, pero pareciera que estuviéramos frente a una administración que apuesta a una sociedad alienada e ignorante.

Cierran escuelas rurales. Hacinan detenidos. Borran la palabra reinserción del diccionario político.

Mientras tanto, la clase dirigente viaja en primera clase, se rodea de asesores y gasta el dinero que le falta al médico, al docente, al policía y al taxista.

Además, posan para la foto sin sonrojarse, custodiados por fuerzas de choque que acallan la protesta.

Estamos atravesando una época triste. La provincia parece acéfala. Incluso, el gobernador pareciera estar preparando su salida por la puerta de atrás.

Mientras tanto, en nuestra ciudad se intenta mantener el control con métodos que recuerdan a las peores películas de mafia. Pauta publicitaria para disciplinar medios. Presión institucional para los rebeldes.

El despertar ciudadano

Es momento de reflexionar sobre nuestro rol. Debemos salir del aburguesamiento del sillón y de la queja estéril.

La violencia que vemos hoy es el reflejo de una marginalidad que decidimos esconder durante años bajo la alfombra. Sin embargo, ya no queda esquina donde ocultarla.

¿Qué proyecto de ciudad queremos?

Necesitamos un plan que capacite a nuestros jóvenes para que sean los primeros elegidos en el mercado laboral, sin importar si vienen de los barrios del Alto o de la intersección de Mitre y Quaglia.

También necesitamos una ciudad que tenga un plan alternativo para cuando no hay nieve. Además, una ciudad que mejore sus accesos, congelados en el tiempo desde hace décadas. Y, finalmente, una ciudad que entienda que el crecimiento sin contención es apenas el preludio del caos.

Solucionar este problema exige reconocer que hoy estamos viendo el final de una cadena con muchos eslabones abandonados.

Por lo tanto, la honestidad intelectual y ciudadana nos obliga a hacernos cargo de nuestras elecciones. Y, finalmente, a exigir que quienes nos representan dejen de mirar hacia afuera y empiecen a caminar el territorio que dicen gobernar.

Dejar de ser el perro manso que come la bazofia y no dice nada…


Autor: Mariano Benítez
Columna de opinión

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