En otras épocas de la historia, aquellos que hacían el trabajo sucio del monarca se mantenían en las sombras. Hoy, la estrategia ha evolucionado: se muestran a plena luz del día, disimulan sus tareas en lugares visibles de relevancia, pero su mirada —siempre— está en otro lugar. Hoy hacemos foco en el Alfil del Gobernador, Rodrigo Buteler, quien ha perfeccionado el arte de la lealtad como pieza clave en el engranaje de Juntos Somos Río Negro (JSRN).
El ascenso del «cuadro» pragmático
Abogado, 40 años, formado en la Universidad de Córdoba. El camino de Buteler no fue azaroso. Desde la titularidad de la TV Pública rionegrina y la Secretaría de Medios, desembocó en el Ministerio de Gobierno y Comunidad, el corazón político de la gestión.
Conocedor de la superestructura estatal y fanático de las encuestas, este cipoleño forjó su ascenso bajo la protección directa de Alberto Weretilneck. Durante la gobernación de Arabela Carreras, su rol fue el de un «equilibrador». Sin embargo, en el círculo íntimo siempre sobrevoló una sospecha que el tiempo confirmó: la teoría del doble agente. Allí demostró su arte de la lealtad, actuando siempre como los ojos y oídos del «Rey» valletano en territorio ajeno.
El arte de la lealtad: Medios, Redes y Poder
Al igual que su mentor, Buteler entiende que el poder se construye en la percepción. Su carrera se moldeó cerca de los micrófonos y las cámaras. Como «jefe de gabinete virtual», controló la comunicación estatal bajo una premisa clara: los medios y las redes definen la cara de la gestión.
Esa firmeza para avanzar en la relación con el periodismo es un calco de la estrategia de los viejos caudillos de la UCR. Una red de medios amigos, pautas estratégicas y la estatización de señales clave garantizan que el mensaje oficial no tenga fisuras.
La batalla por la Isla Jordán: ¿Gestión o Autoritarismo?
Pero el pragmatismo tiene un límite cuando la realidad golpea la puerta del municipio. Hoy, con los números del superávit provincial bajo la lupa y la imagen de su jefe en zona de riesgo, el Alfil ha decidido mover el avispero.
La reciente embestida contra la dirigente Silvia Horne por el conflicto de tierras en la Isla Jordán desnuda una faceta peligrosa. Buteler no solo acusa; criminaliza. En una sintonía evidente con el discurso «violeta» que emana de Nación, el intendente cipoleño ataca la lucha de los pueblos originarios, tilda de apropiadores a las familias del lugar y califica de delictiva la pertenencia al Movimiento Evita.
Mientras los miembros de la familia Retamal se encadenan en las puertas del municipio solicitando la devolución de sus animales secuestrados, Buteler opta por el cierre del diálogo y la discriminación política.
El hombre de las batallas elegidas
La réplica de Horne no se hizo esperar, denunciando injurias y un avasallamiento hacia la oposición. El conflicto deja al descubierto la incapacidad de Buteler para resolver problemas sociales sin recurrir a la estigmatización.
Fiel al estilo de su Rey, Buteler confirma que domina el arte de la lealtad llevando el conflicto al extremo. No respeta movimientos sociales, desprecia a los dirigentes opositores y exhibe un sesgo de autoritarismo que roza lo grotesco. Es el hombre elegido por el Gobernador para dar las batallas que vienen.
En Río Negro, el tablero ya está dispuesto, y el Alfil no piensa retroceder, aunque en el camino se lleve puestas las instituciones y el diálogo democrático.
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