Estimado lector, bienvenido sea usted a nuestra primera cita con la actualidad política global, marcada hoy por el asalto de Washington al tablero geopolítico. A partir de hoy, promediando la semana, nos reuniremos para desgranar guerras, diplomacia, mercados y fronteras; un escenario mundial que, como bien sabemos, no concede tregua.
Hoy nos ocupa descifrar las réplicas del terremoto del 3 de enero de 2026: la captura de Nicolás Maduro. Tras la caída de Caracas, los ojos del mundo se desplazan hacia el norte: EE. UU. prepara el desembarco en Groenlandia.
El asalto de Washington en el Caribe: Tres ejes y un mismo cinismo
El operativo militar en Venezuela, ejecutado tras meses de planificación y bombardeos estratégicos, ha fracturado el orden mundial en tres bloques que desnudan las verdaderas intenciones de sus actores:
- Eje de Respaldo: Liderado por EE. UU., con el apoyo de la Argentina de Javier Milei, Israel, Paraguay y Ecuador. Celebran la incursión como un acto de «libertad», aunque el trasfondo huela más a crudo que a justicia.
- Eje de Condena: Rusia, China, Brasil, México y Colombia denuncian una violación flagrante del derecho internacional. Más que piedad por el régimen caído, subyace el temor a ser los siguientes en la lista.
- Bloque de Cautela: La Unión Europea, España y Dinamarca observan con «graves preocupaciones jurídicas». Su parálisis ante la falta de aval de la ONU los deja en una irrelevancia peligrosa.
La retórica de estos ejes es voluble; lo que hoy se vende como principio político, mañana se negocia como cuota de mercado.
Groenlandia: La próxima pieza del «Matón»
La Casa Blanca ya ha elegido a su próxima víctima. Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca y parte integral del tejido europeo, es la nueva «joya del abuelo» en disputa. Con sus 60.000 habitantes y una superficie vasta, este territorio es el patio trasero del Viejo Continente, ahora codiciado por sus depósitos de zinc, plomo, hierro, uranio y tierras raras.
Sin embargo, el recurso definitivo es el agua dulce. En un mundo sediento, Groenlandia custodia el 8% de las reservas planetarias. El control estadounidense sobre este reservorio no es solo una cuestión económica, es una sentencia de muerte para la autonomía europea.
Copenhague en la encrucijada
Desde la capital danesa, el primer ministro Jens-Frederik Nielsen ha calificado la presión norteamericana como «inaceptable». El mensaje es rotundo: «Groenlandia no está en venta». Pese a ser aliados históricos, los groenlandeses no desean ser «americanos». La designación de Jeff Landry como «enviado especial» para la anexión ha sido el detonante de una crisis sin precedentes.
Mientras el ministro danés de Defensa corre desesperado a Bruselas para reunirse con Mark Rutte (OTAN), en el norte la orden de Donald Trump es clara: incorporar Groenlandia bajo el pretexto de «seguridad nacional».
El asalto de Washington y el jaque al Ártico
Si imaginamos el mundo como un tablero de ajedrez, el asedio a Groenlandia es un ataque encubierto a Rusia para ampliar el dominio occidental y cerrar el cerco sobre los recursos del futuro. La pregunta del inicio sigue flotando en el aire, más urgente que nunca, mientras las reglas de la convivencia internacional se incineran en el despacho oval: ¿Quién frena al matón?
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