La propuesta teatral independiente «16 de Septiembre – La Noche de los Lápices» desembarcó en Bariloche con una gira por establecimientos educativos y un cierre con funciones abiertas en el Centro Cultural El Negro. Esta iniciativa cultural, que recrea un episodio clave de la parte dura de la historia argentina, comenzó sus presentaciones dirigidas a estudiantes de secundaria y se está mostrando en escuelas de la ciudad, buscando interpelar a las juventudes a través del arte y la memoria colectiva.
En diálogo con el programa radial «Comenzando La Mañana de Bariloche En Redes», la creadora de la puesta dramática, Rocío Quintana, brindó precisiones sobre el alcance pedagógico de esta gira que busca estrechar lazos entre la historia nacional y el ámbito educativo local. Durante la entrevista, la realizadora detalló cómo la pieza fue concebida a partir de una inquietud personal que se transformó en un proyecto colectivo de alcance provincial en Buenos Aires, el cual hoy cruza las fronteras bonaerenses para llegar a la Cordillera.
El origen de La Noche de los Lápices
Respecto del surgimiento de la obra en la zona sur del conurbano bonaerense y el impacto insospechado que construyó a lo largo de los años, Quintana remarcó el trayecto que derivó en la consolidación de este espacio dramático:
«Nació esto hace 12 años en Lomas de Zamora y después tuvo una repercusión a nivel provincial en la provincia de Buenos Aires, que jamás ninguno de los que estábamos lo pensamos.», dijo Rocío Quintana.
El recorrido en Bariloche comenzó formalmente en la ESRN 46, congregando a estudiantes de diversos colegios secundarios aledaños que se acercaron para presenciar las funciones matutinas y vespertinas. El esquema operativo contempló un trazado geográfico que abarca instituciones de la zona sur y de la zona oeste de la localidad, permitiendo el acceso de cientos de adolescentes que pueden debatir sobre los derechos humanos a partir de la representación escénica.
La dramaturga expresó la profunda carga ética que mueve al elenco juvenil, integrado por actrices y actores de 18 años formados en talleres comunitarios, al sostener el sentido de mantener presente esta temática en la agenda actual:
«Siempre tuvimos la convicción de que estábamos haciendo memoria, que los hacemos aparecer una vez más a los chicos de La Noche de los Lápices y con el compromiso que representa hacer esta obra.», dijo Rocío Quintana.
La trayectoria de la pieza incluye la renovación constante de sus intérpretes, acumulando más de cinco generaciones de artistas que encarnaron las vivencias de aquellos estudiantes secundarios perseguidos en la década de 1970. Para la directora, quien combina su formación académica en artes dramáticas con la militancia activa en organismos de derechos humanos, la actuación logra atravesar las barreras del lenguaje convencional para tocar la fibra sensible de la juventud contemporánea. En relación con la capacidad del arte para conmover y movilizar reflexiones profundas en el público juvenil, Quintana profundizó sobre el rol transformador de la dramaturgia frente a los discursos teóricos al señalar que, entendiendo que a veces las palabras están bien, pero a veces el arte tiene una trascendencia a la que las palabras no llegan, es esa militancia cultural que tratan de elaborar.
La concreción de las funciones en el municipio andino no fue fruto de una gestión aislada, sino de una articulación que involucró a actores de la cultura, organismos públicos e integrantes de la sociedad civil. Todo comenzó tras una presentación del elenco en un congreso bonaerense, donde los gestores culturales José y Giselle, responsables del Centro Cultural El Negro y docentes de nivel secundario, advirtieron el valor pedagógico del proyecto e impulsaron las gestiones para trasladar al grupo hasta Río Negro. A dicha propuesta inicial se sumó la intervención de la Secretaría de Derechos Humanos a través del trabajo de Fernando Pisarello, como así también la colaboración de la intendencia local. No obstante, la logística del hospedaje y el traslado interno requirió una red de solidaridad barrial, en la cual vecinas y vecinos de la ciudad brindaron alojamiento y movilidad particular a los jóvenes visitantes para hacer posible la llegada de la obra. La responsable de la dirección destacó el entramado comunitario y el espíritu colaborativo que hizo posible el arribo de la comitiva artística a las aulas y salas barilochenses: «Fue una tarea absolutamente colectiva porque, más allá del apoyo del Centro Cultural El Negro y de la secretaría, también muchos voluntarios y vecinos abrieron sus puertas.»
Tras completar el circuito por las aulas educativas durante la semana, la obra ofrecerá dos presentaciones abiertas con entrada a la gorra en el Centro Cultural El Negro. Las funciones se realizarán los días viernes y sábado, brindando a las familias y al vecindario la oportunidad de apreciar un espectáculo de notable compromiso social. Para obtener mayores precisiones sobre las actividades del grupo teatral o consultar el cronograma de la gira, la producción dispone del perfil @rqgrupos. De este modo, Bariloche se convierte en el escenario de un encuentro que vincula el pasado histórico con la construcción activa de ciudadanía presente.




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