Un reciente fallo reconoce derechos familiares en Bariloche, reivindicando la posesión de dos hermanos sobre el 50% de una propiedad. Esta sentencia consolida una posesión ininterrumpida que se extendió por más de setenta años, un lapso que comenzó cuando un matrimonio yugoslavo se asentó en la ciudad en 1951.
Este fallo del fuero Civil local no solo reconoce una historia de arraigo y construcción, sino que también subraya la importancia de la continuidad y la gestión activa de un bien inmueble a lo largo de las generaciones, ofreciendo un ejemplo de cómo el tiempo y la dedicación pueden formalizar situaciones dominiales complejas. La decisión judicial, que se inscribe en el marco de la prescripción adquisitiva, valida décadas de esfuerzo y presencia constante en el corazón de nuestra comunidad.
La Justicia reconoce derechos familiares sobre una propiedad histórica
La génesis de esta particular historia se remonta a la llegada de un matrimonio desde Yugoslavia a Bariloche en la década de 1950, quienes registraron un terreno que, con el paso del tiempo, se transformaría en el hogar y sustento de una familia. Sin embargo, la relación conyugal se disolvió, y la mujer regresó a su país de origen, perdiendo todo contacto con el inmueble y con la ciudad.
El hombre, por su parte, permaneció en Bariloche, formando una nueva familia y dedicándose a desarrollar el lugar. Sobre aquel terreno inicial, se edificó una casa, que luego se expandió para incluir departamentos y espacios comerciales, constituyendo un patrimonio que vio crecer a sus hijos y que, tras su fallecimiento en 1979, continuó siendo ocupado y gestionado por ellos.
Pruebas contundentes y la decisión judicial
Los actuales propietarios, nacidos y criados en el lugar, mantuvieron la ocupación del inmueble, realizando mejoras edilicias significativas y explotándolo mediante alquileres y diversas actividades comerciales.
Durante el proceso judicial, se presentaron pruebas contundentes que demostraron esta posesión pública, continua y sostenida: se adjuntaron comprobantes de pago de tasas y servicios que abarcan décadas, contratos de alquiler gestionados a través de inmobiliarias, habilitaciones comerciales municipales y planos de las ampliaciones realizadas. Además, el testimonio de vecinos y vecinas fue crucial, ya que confirmaron la presencia ininterrumpida de la familia, las mejoras efectuadas en la propiedad y la ausencia de cualquier tipo de reclamo externo sobre el inmueble a lo largo de los años.
«El juez consideró acreditada una posesión pública, continua e ininterrumpida por más de veinte años, con actos propios de dueño, como las construcciones, la explotación comercial, la gestión de alquileres y el pago sistemático de los servicios.»
En virtud de esta sólida prueba, la sentencia declaró que los demandantes adquirieron el 50% del inmueble, que ahora será inscripto a su nombre en partes iguales, cerrando un capítulo de setenta años de historia familiar y consolidando legalmente el fruto de una vida dedicada al desarrollo de un espacio propio en Bariloche.

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